Dos motivaciones me mueven a escribir esta historia: una de ellas es una historia de amor aventurera compuesta en un 50/50 de materia platónica; la segunda es la fascinación que provocan en mí las luces de colores sutiles que atraviesan superficies transparentes: I can't explain, but I wanna try¨ (no puedo explicarlo, pero lo quiero intentar) dice Alex Turner en una canción como introducción y yo lo uso como trampolín para lanzarme en este emprendedurismo de intentar dejar plasmada esa sensación valiéndome de un limitado abanico. Decía acerca de mi fascinación por esas luces, que primero debería asegurarme de que se entienda a que luces me refiero: son simil luces de navidad, pero no exactamente, creo que su origen está en el reflejo de las luces de navidad del enorme árbol de mi abuela, blanco y del tamaño de una persona aprox, sobre o a través de, las copas de aluminio empañadas llenas de sidra, quizás, o simplemente la fascinación de ver el reflejo de las personas sobre las bolas de navidad de color dorado y fucsia; de manera que cada vez que me encuentro, fuera de esa época en el resto de los días de mi vida, al pasar algo que se parezca a ello, sean las luces led traspasando una superficie transparente, un cartel, etc. en mi se detona un torbellino de sensaciones que recorren desde la boca del estómago, el chakra del pecho, obvio unas vueltas en mis pupilas, dejándome congelada unos instantes, que no se cuanto duran…
En fin, eso me enfrenta a una serie de enigmas, cosas que tratan acerca de la ¨unicidad¨ de las emociones, el punto de vista único y más que punto de ¨vista¨ sería punto de ¨vista, olfato, oído, tacto, sentimientos consecuentes, etc¨ que cada cual cobija dentro de sí, sin igual, y qué sentido puede llegar a tener el intentar compartirlo a los demás, y que sí lo tiene porque quizás eso es la vida, y nosotros seamos venas y los recuerdos la sangre que corre por ellas, interconectando un ser gigantesco universal.